La tapa que parece de chef, pero en realidad la hiciste mientras bostezabas
Hay días en los que uno se levanta con una energía arrolladora, dispuesto a conquistar el mundo, innovar en la cocina y preparar platos dignos de un restaurante con estrella. Este no es uno de esos días. Hoy lo único que quieres es comer rico sin mover más músculos que los necesarios para abrir la nevera y suspirar dramáticamente.
Por suerte, existe una receta que parece sacada de una taberna gallega fina, pero que en realidad se hace con la misma implicación emocional que darle “me gusta” a una foto sin mirarla: los huevos rellenos de pulpo. Una tapa que suena sofisticada, que impresiona a cualquiera y que, si no lo cuentas, nadie sabrá que la preparaste en modo piloto automático.
Aquí no hay técnicas raras, ni emulsiones, ni palabras francesas. Solo hay tres pilares fundamentales de la vida moderna: cosas ya cocidas, un bol y la capacidad de aplastar ingredientes hasta que parezcan que llevan trabajo. El resultado es tan bueno que te dará rabia lo poco que te ha costado.
Huevos rellenos de pulpo a la gallega
3
Personas15
minutosIngredientes
6 Huevos ya cocidos (porque cocerlos tú sería demasiado)
Pulpo ya cocido (gracias, supermercado)
200 gr de patatas ya cocidas (si las has cocido tú, enhorabuena; si no, mejor aún)
Pimentón
AOVE
Sal
Al lío
Con estos ingredientes nos marcaremos una tapa que parece de chef, pero que en realidad se hace con la misma energía que abrir una bolsa de patatas.

Parte los huevos a la mitad y saca las yemas con la tranquilidad de quien sabe que lo más difícil de la receta ya está hecho.
En un bol, junta las patatas cocidas y las yemas. Añade una cucharada de pimentón, un chorrito de AOVE y un poco del agua de las patatas para que aquello no quede seco como tu motivación un lunes.
Sala al gusto y machaca hasta que tenga textura de puré. No hace falta que quede perfecto: aquí celebramos la imperfección funcional.
Corta el pulpo en rodajas y resérvalo como si fueras a hacer algo muy técnico después (spoiler: no).
Rellena los huevos con el puré y coloca una rodaja de pulpo encima de cada uno.
Termina con otro chorrito de AOVE y un toque de pimentón. Ya puedes presumir sin remordimientos.

Y si te apetece que el pulpo quede más tierno y calentito, dale un golpe de microondas de unos segundos. Pero eso ya es cosa tuya: aquí cada uno negocia con su pereza como quiere.

