¿Quién está detrás de tanta desgana?

Perezoso con un cartel de “Sobreviviendo con dignidad”, mascota de Cocina Sin Ganas

Sobre mí

No soy chef, ni pretendo serlo. Soy de los que abren la nevera con cero inspiración, se quedan un rato mirando como si el yogur fuera a darles una idea, y acaban pensando: “¿qué puedo hacer con esto sin sudar demasiado?”.

De esa pregunta, repetida cientos de veces, nació Cocina Sin Ganas. Una web para los que tienen hambre pero pocas ganas, para los que prefieren el sofá a la encimera y para los que creen que cocinar debería ser más fácil que montar un mueble de Ikea. Aquí no venimos a impresionar a nadie: venimos a comer bien, a base de recetas que no exigen más que abrir un paquete, mezclar dos cosas y cruzar los dedos.

Lo que vas a encontrar son platos rápidos, sencillos y honestos: de los que se hacen con lo que sobrevive en la nevera un jueves por la noche, con el microondas como mejor aliado y sin más cacharros que un plato y un tenedor. Porque cocinar no siempre es pasión ni arte. A veces es pura supervivencia.

Y esa supervivencia tiene su encanto. Ese momento en el que descubres que con tres ingredientes mal puestos puedes cenar como un campeón. Aquí celebramos esos pequeños milagros culinarios que ocurren cuando no esperas nada y, aun así, la comida te salva el día.

¿Por qué Cocina Sin Ganas?

Porque la cocina también puede ser un refugio sin pretensiones. Un lugar donde lo importante no es la presentación, sino llenar el estómago y, de paso, reírnos un poco de nuestra propia pereza.

En un mundo lleno de postureo gastronómico, hacía falta un rincón donde nadie te juzgue por usar tomate frito de bote o por no saber qué es un roux. Aquí la única regla es que la comida esté rica y no te robe más energía de la necesaria.

¿Cómo funciona esto?

Muy fácil: yo pruebo, me equivoco, quemo algo de vez en cuando y apunto lo que funciona. Tú solo tienes que copiarlo. Cada receta pasa por mi cocina antes de llegar aquí, así que si algo sale mal, al menos sabes que alguien se equivocó antes que tú.

Si te reconoces en todo esto, estás en tu sitio. Bienvenido al sofá: hay sitio para uno más.