Lasaña de Emergencia: Todo de Bote y a Correr
Hay días en los que cocinar es un deporte de riesgo emocional. Días en los que abres la nevera y te mira mal. Días en los que tu cuerpo te dice “haz algo nutritivo” y tu cerebro responde “¿y si no?”. Para esos momentos (que, siendo honestos, son más frecuentes de lo que admitimos en público) existe esta lasaña exprés: un monumento a la pereza bien gestionada.
Aquí no se fríe nada, no se pica nada, no se llora con cebollas ni con la vida. Esta receta es un abrazo calentito hecho con productos de bote y cero culpa. Las placas de lasaña vienen ya listas, como si supieran que hoy no estás para remojos. La boloñesa llega preparada, probablemente más organizada que tú. La bechamel viene en brick porque alguien en una fábrica pensó en tu bienestar mental. Y el queso… bueno, el queso siempre está ahí, como ese amigo que no juzga, solo derrite.
Esta lasaña no te pide talento, ni paciencia, ni ganas. Solo te pide que pongas cosas una encima de otra, como cuando haces una torre de ropa limpia que nunca vas a doblar. Es cocina en modo avión: tú ensamblas, el horno o el microondas hacen el resto, y al final obtienes algo que huele a triunfo y sabe a “mira mamá, estoy sobreviviendo”.
Así que respira, suelta los hombros, deja de sentirte culpable por no querer cocinar. Hoy no toca ser chef. Hoy toca ser arquitecto de capas.
Tú solo ensambla.
Lasaña Automática: Tú Solo Ensambla
2
Personas20
minutos20%
Ingredientes
1 bote de boloñesa ya hecha
(la que encuentres primero, no estamos para comparar etiquetas)6 placas de lasaña precocidas
(las mágicas que no necesitan cocción ni tu atención)1 brick pequeño de bechamel
(de esos que parecen leche pero saben a salvación)1 bolsa de queso mozzarella rallado
(o cualquier queso que se derrita y no te juzgue)
Al lío
Estos son los ingredientes con los que haremos una lasaña exprés que parece cocina, pero en realidad es bricolaje comestible. Y sí, tenía tanta pereza que en la foto se me olvidó poner la bechamel… pero tú haz como si estuviera ahí desde el principio, sonriendo en brick.

Colocamos 2 placas de lasaña en la base de la fuente que vayas a meter al horno.
Si tu fuente es más grande, pon las que necesites. Aquí no se mide nada, se cubre superficie y punto.
Estas placas no necesitan cocción previa, milagro moderno, pero si hoy te sientes persona funcional (raro), puedes ponerlas en remojo 5 minutos. No cambia la vida, pero te da la sensación de que has hecho algo. Pero vamos, no es necesario.
Ponemos una capa de boloñesa del bote, sin remordimientos.
Segunda capa de placas de lasaña.
Y así sucesivamente hasta montar 2 o 3 pisos, según tu hambre, tu paciencia o lo que quede en el bote.
En el último piso, coronamos con la bechamel (la que sí estaba, aunque no saliera en la foto) y una lluvia generosa de queso rallado, porque el queso siempre es la respuesta correcta.
Horno: 220 °C durante unos 10 minutos, lo justo para que burbujee y huela a triunfo.
Microondas: 5–7 minutos a máxima potencia, para los días en los que encender el horno es ciencia ficción.
Y listo. Sirve caliente, finge que te ha llevado horas y disfruta de tu obra maestra de la pereza.



