Arroz con zamburiñas: El plato que parece currado y no lo está.
Hay días en los que cocinar es una batalla perdida antes de empezar. Días en los que abrir un cajón ya es demasiado trámite, y en los que la idea de picar ajo suena a actividad extrema. Para esos momentos gloriosos de pereza absoluta existe este arroz exprés con zamburiñas, un plato que parece digno de terraza frente al mar pero que, en realidad, se monta con la misma energía que dedicarías a calentar un vaso de leche.
Aquí no se pica nada. El ajo y el perejil vienen ya picados, porque la vida es demasiado corta para andar peleándose con mini trocitos que se pegan a los dedos. La albahaca puede ser fresca… o no. El arroz ya viene hecho. Y las zamburiñas, pues eso: abres la lata y listo. La receta se cocina sola mientras tú decides si hoy te mereces comer en plato o directamente en la sartén.
Lo mejor es que, pese a lo ridículamente fácil que es, el resultado tiene ese punto de “mira qué bien como” sin haber movido un músculo de más. Sabe a mar, huele a verano y te deja la cocina casi igual de limpia que antes de empezar. Un triunfo absoluto para cualquier persona que quiera comer rico sin renunciar a su derecho constitucional a la pereza.
Arroz exprés con zamburiñas al ajo y albahaca
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Persona15
minutosArroz exprés con zamburiñas y albahaca
Ingredientes
1 vasito de arroz precocido tipo Brillante (o similar)
1 lata de zamburiñas en salsa de vieira (o al natural si no hay ganas de buscar)
1 cucharadita de picada de ajo y perejil (del que ya viene preparado, porque picar a mano es de gente con energía)
Unas hojas de albahaca fresca (o seca, que también da el pego)
1 cucharada de AOVE (el bueno, si queda)
(Opcional) Unas gotas de limón o ralladura para rematar con estilo
Al lío
Estos son los ingredientes con los que vamos a montar esta “obra maestra” sin despeinarnos, así que míralos un segundo, respira hondo… y ya estaría la parte más difícil del día.

Calienta sin esfuerzo: Echa en la sartén una cucharada de AOVE y otra de esa maravillosa picada de ajo y perejil del bote (la que te ahorra lloros y picaduras). Añade la lata de zamburiñas tal cual, sin dramas. Deja que todo se caliente 3–4 minutos a fuego medio-bajo mientras tú contemplas tu existencia.

Suma el arroz sin ceremonias: Abre el vasito de arroz y viértelo en la sartén. Si cae en bloque, lo desmenuzas con la cuchara, con las manos o con la fuerza de la gravedad. Aquí nadie viene a evaluar tu técnica.
Perfuma con cero ganas: Añade la albahaca picada. ¿Tijeras? ¿Manos? ¿Tropezones gigantes? Todo es válido en esta cocina. Remueve un poco y deja que se caliente otros 3–4 minutos.
Sirve y finge que te has esforzado: Saca el arroz, ponlo en un plato bonito (o directamente en la sartén, que también es válido) y, si hoy te sientes sorprendentemente productivo, añade un toque de ralladura de limón. Si no, pues nada. Sigue siendo un platazo.


