Albóndigas en salsa de tomate (sin complicaciones y con mucho pego)
A ver, que sí, que las albóndigas caseras son una maravilla. Que si el pan remojado en leche, que si el toque de nuez moscada, que si la abuela diciendo “no las hagas tan grandes, que no se cuecen bien”. Pero también son una trampa emocional: empiezas con ilusión y acabas con las manos pringadas, la cocina hecha un campo de batalla y una hora menos de vida útil.
Aquí no estamos para eso. Aquí estamos para sobrevivir con dignidad mínima y el mínimo número de utensilios. Porque si hay una forma de comer albóndigas sin tocar carne cruda, sin freír, sin llorar sobre la cebolla picada… pues se hace. Y punto. Estas albóndigas se hacen solas. Literalmente. Tú solo mezclas lo justo, formas bolitas sin pensar demasiado (ni medir, ni pesar, ni invocar a ningún santo), las metes al horno y te olvidas. Cuando vuelves, hay comida. Y no has sufrido.
¿Están jugosas? Sí. ¿Están perfectas? No. ¿Importa? Para nada. Porque aquí no venimos a ganar estrellas Michelin. Venimos a comer caliente sin perder la fe en la humanidad. Y si encima sobran para mañana, ya es un triunfo emocional.
Albóndigas en salsa de tomate
4
Personas25
minutos20
minutos390
kcal/100 grIngredientes
1 paquete de albóndigas de cerdo ya hechas (Sí, las del súper. No vamos a fingir que las hiciste tú.)
1 bote de tomate frito casero (Si lo hiciste tú, eres un héroe. Si lo compraste, también.)
1 cucharadita de ajo molido (Porque el ajo fresco exige cuchillo y ganas.)
Perejil picado al gusto (Para que parezca que te esforzaste. Spoiler: no lo hiciste.)
Al lío
Con esto haremos unas albóndigas que dan el pego. En la foto falta el perejil, pero tú haz como si estuviera. O no. Don Pereza no juzga.

Pon las albóndigas en la airfryer, dale un pulverizado de AOVE y cocina a 190 °C durante unos 20 minutos, o hasta que estén doraditas. (No te olvides de moverlas de vez en cuando, aunque sea con desgana.)
Mientras se doran, tritura el tomate frito con el ajo molido y el perejil. (No hace falta calentar ni salar. Esta salsa ya viene con actitud.)

Cuando las albóndigas estén listas, mézclalas con la salsa. (Sí, en frío. Porque calentarla sería tener ganas, y aquí no venimos a eso.)

Para el toque final, espolvorea un poco más de perejil picado por encima. (No sabemos si mejora el sabor, pero parece gourmet y eso ya es bastante.)



