Machacamos ligeramente las patatas en el mismo recipiente donde haremos la tortilla, porque si podemos evitar fregar otro cacharro, lo evitamos. No buscamos textura gourmet, buscamos que no se note que hoy estás funcionando en modo ahorro de energía.
Añadimos la cebolla caramelizada, rectificamos de sal, ponemos un poco de AOVE, y mezclamos con la elegancia de quien sabe que esto no va a salir en MasterChef. La cebolla del bote hace el trabajo sucio por ti, así que tú solo empuja un poco con la cuchara.
Añadimos los huevos sin batir, porque batir es un verbo que hoy no nos representa. Pon un poquito más de sal para los huevos y remueve hasta que todo parezca una mezcla más o menos homogénea. Si queda algún trozo rebelde, lo aceptamos como parte del paisaje.
Así es como debe quedar la mezcla: un batiburrillo digno, sin pretensiones y con pinta de “oye, pues igual esto sale bien”. No buscamos perfección, buscamos que todo esté más o menos mezclado y que parezca tortilla en potencia.
Tapamos y metemos al microondas a máxima potencia durante 7 minutos. Si te gusta más cuajada, dale un par de minutos extra. Si la prefieres más jugosa, resta tiempo y vive peligrosamente. El microondas no juzga, solo obedece.
Opcional: si te gusta doradita, dale un golpe de grill un par de minutos. Esto ya es nivel “tengo un poquito más de ganas de lo habitual”, pero sigue siendo legal dentro del universo Cocina Sin Ganas.