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Empanadillas de pollo bechamel y queso

Crujientes por fuera, cremosas por dentro y con un nivel de dificultad equivalente a respirar. La receta perfecta para quedar bien sin mover un músculo de más.
Tiempo real: 25 minutos
Nivel de ganas: 20 %
Servings: 4

Ingredientes

  • 1 Paquete de obleas de empanadillas  (porque hacer la masa sería una traición a Don Pereza)
  • 1 Paquete de pollo desmenuzado ya listo para usar  (si viene hecho, mejor; si no, no lo queremos)
  • Queso mozzarella rallado  (rallar queso a mano es deporte, y aquí no se practica)
  • 1 Brick de bechamel lista para usar  (la casera está muy bien… para otra vida)
  • 1 Huevo  (solo para pintar, no te emociones)

Al lío

  • Los ingredientes de esta receta son tan simples que casi se compran solos. Nada de picar, nada de medir, nada de llorar sobre una tabla de cortar. Aquí todo viene listo para mezclar y vivir.
  • Mezcla sin pensar
    En un bol grande, junta el pollo desmenuzado, la bechamel y la mozzarella. Si parece cremoso, perfecto; si parece demasiado cremoso, Don Pereza te aplaude.
  • Rellena las obleas
    Pon una cucharada del relleno en cada oblea y ciérralas sin mucho esmero, que no vamos a un concurso de empanadillas. Con que no exploten en el horno, misión cumplida.
  • Pinta con huevoBate el huevo y pásalo por encima. Esto es puro maquillaje culinario: da el pego y no cuesta nada.
  • Al horno y a vivir
    Hornéalas a 200 °C durante 15 minutos. Cuando estén doraditas y oliendo a triunfo fácil, ya puedes servirlas con la satisfacción de haber cocinado sin cocinar.

Notas

Consejos para la supervivencia

Peligro inexistente: Aquí no hay cuchillos, no hay sartenes asesinas ni nada que pueda poner en riesgo tu integridad física. Lo más peligroso es que el relleno esté tan bueno que te lo comas antes de tiempo. Y sinceramente, tampoco sería un drama.
El entorno: Esta receta se monta donde tú quieras: encimera, mesa del salón o incluso en la bandeja del portátil si estás en modo “no pienso moverme”. Solo necesitas un bol, una cuchara y la capacidad de cerrar obleas sin llorar.
Economía de guerra (y limpieza): Pon papel de horno en la bandeja. No por las empanadillas, sino por tu salud mental cuando toque recoger. Si usas airfryer, mejor aún: menos superficie que limpiar y más excusas para no fregar.
 

Variaciones (o cómo complicarte la vida si quieres)

Nivel Pro: Si quieres sentirte chef sin motivo, añade un poco de pimienta, nuez moscada o incluso un toque de mostaza al relleno. No cambia la dificultad, pero te da la sensación de que has tomado decisiones importantes.
El toque «vago-gourmet»: Espolvorea un poco de queso por encima antes de hornear. No aporta nada nutricionalmente, pero visualmente dice “sé lo que hago” aunque sea mentira.
Sustituciones: ¿No tienes pollo desmenuzado? Cualquier cosa que venga ya hecha y pueda mezclarse sirve. ¿No tienes mozzarella? Usa el queso que se derrita más rápido. ¿No tienes bechamel? Entonces ya no es esta receta, pero puedes fingir que era un experimento.
 

Para hacer con ayuda (o para delegar)

El Pinche: Si hay alguien cerca con pulgares oponibles, que te ayude a cerrar las empanadillas. Es como hacer sobres comestibles. Difícil no es.
Delegación total: Esta receta es perfecta para soltar un “¿te animas a hacer unas empanadillas súper fáciles?” y desaparecer estratégicamente. Cuando vean que solo hay que mezclar y cerrar, ya será demasiado tarde para echarse atrás.
Perfil recomendado: Cualquiera que pueda distinguir una oblea de una servilleta y no intente beberse la bechamel directamente del brick. Con eso ya supera el nivel mínimo de acceso.