¿Quién está detrás de tanta desgana?

No soy chef, ni pretendo serlo. Soy de los que abren la nevera con cero inspiración y piensan: “¿qué puedo hacer con esto sin sudar demasiado?”. Así nació Cocina Sin Ganas: una web para los que tienen hambre pero pocas ganas, para los que llegan tarde del trabajo, para los que prefieren el sofá a la encimera y para los que creen que cocinar debería ser más fácil que montar un mueble de Ikea. Y también para quienes saben que, en el fondo, la cocina del día a día no necesita épica, solo un poco de ingenio y cero complicaciones. Aquí no venimos a impresionar a nadie: venimos a sobrevivir con dignidad, a base de recetas que no exigen más que abrir un paquete, mezclar dos cosas y rezar para que quede decente.

Aquí no encontrarás recetas dignas de estrellas Michelin, ni técnicas imposibles. Lo que sí encontrarás son platos rápidos, sencillos y honestos: tortillas sin batir, ensaladas que son básicamente abrir una lata, postres que se montan solos si les miras con cariño. Porque cocinar no siempre es pasión ni arte… a veces es pura supervivencia. Y esa supervivencia también tiene su encanto: ese momento en el que descubres que con tres ingredientes mal puestos puedes cenar como un campeón, o cuando improvisas algo que no sabías ni que existía y resulta que está buenísimo. Aquí celebramos esos pequeños milagros culinarios que ocurren cuando no tienes expectativas y, aun así, la comida te salva el día.

¿Por qué esta web? Porque sé que no todos tenemos tiempo, ganas o paciencia para seguir recetas kilométricas. Porque la cocina también puede ser un refugio sin pretensiones, un lugar donde lo importante no es la presentación, sino llenar el estómago y, de paso, reírnos un poco de nuestra propia pereza. Además, en un mundo lleno de postureo gastronómico, de fotos perfectas y de ingredientes imposibles de pronunciar, hacía falta un rincón donde la normalidad fuese suficiente. Donde nadie te juzgue por usar tomate frito de bote o por no saber qué es un roux. Aquí la única regla es que la comida esté rica y no te robe más energía de la necesaria.

Si te reconoces en todo esto, estás en tu sitio. Ponte cómodo, abre la nevera sin expectativas y déjate guiar por el arte milenario de hacer lo mínimo indispensable. Tu estómago lo agradecerá. Tu ego… probablemente no. Pero oye, tampoco pasa nada. Al final, cocinar sin ganas es casi una filosofía: aceptar que no todos los días son para lucirse, que a veces lo mejor que puedes hacer es algo rápido, caliente y que te deje tiempo para vivir. Si eso te suena bien, bienvenido. Aquí cocinamos poco, pero comemos muy a gusto.